14 julio 2011


-¿Tú llevas tatuajes?
-¿Cómo dices?
-Que si llevas tatuajes.
-¿Y esa pregunta?

-Es que estás hablando y, perdona que no te escuche con atención, pero te estoy imaginando desnuda y en ese pensamiento llevas una fresa tatuada en la ingle izquierda.
-¡¿Perdona?!
-¿Tienes una fresa en la ingle o no la tienes?
-¿Y a ti qué te importa?
-Vale, vale. No te enfades. Es que casi nunca fallo y al imaginarte desnuda... En fin, que me has encantado, con fresa y sin fresa.
-¿Siempre dices lo que se te pasa por la imaginación?

-Siempre no, pero algunas veces me armo de valor y lo suelto. ¿Tú no lo haces?
-Bueno, algunas veces.
-¿Me puedes decir sinceramente qué estás pensando en este instante?
-¡Que estás como una cabra!
-Pero ¿a que te caigo bien?
-Tienes gracia... ¡Y valor!
-¿Quieres saber lo que estoy pensando ahora?
-No estoy muy segura.
-Pues estoy pensando que eres muy guapa, que me encanta tu boca, que la besaría sin parar, que seguiría besándote por todo tu cuerpo, lleves fresa o no la lleves, te comería entera y haría contigo el amor de manera salvaje encima de esta mesa. Con perdón.
-¡¡No sé si reírme o echarte de aquí ...!!
-No hagas nada. Ya me voy. Ha sido un placer.
-¡Espera! Antes de que te vayas quiero decirte la verdad sobre dos cosas. La primera es que tu novela no se va a publicar nunca.
-Ya lo suponía. ¿Y la segunda?
-Que tienes mucho talento.

Para Ana (de tu muerto) por Nuria Roca y Juan del Val

2 comentarios:

Seoman dijo...

;)

acróbata dijo...

Tal vez la palabra nunca se utiliza muy a la ligera, sólo el tiempo tiene potestad para decirla con conocimiento de causa, y eso a posteriori.

Saludos Quela.